Fernand Braudel Center
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Comentario #
2, octubre 15, 1998
"¿ Qué
Diferencia Hace la Existencia de la Unión Europea ? "
La trayectoria de la Unión
Europea ha sido notoriamente veloz. Ya
que esta idea solo surge seriamente después de la Segunda Guerra Mundial. En parte fue un esfuerzo por enterrar la
lucha de todo un siglo entre Francia y Alemania, y en parte una manera de
contener a Alemania en el futuro.
Además, era una estrategia de lucha en contra de lo que se consideraba
una amenaza, el Comunismo y la Unión
Soviética.
En
los primeros años, digamos de 1950
hasta aproximadamente 1965, la idea se
apoyó firmemente, inclusive por el
gobierno de los Estados Unidos. Los
EEUU veía varias ventajas importantes en una mayor cooperación-unión entre
europeos. Aceleraría la recuperación
europea y convertiría a Europa en un mercado más sólido para productos
estadounidenses. Ayudaría a superar la
reticencia de Francia (y por cierto de la Gran Bretaña) con respecto a la
posibilidad de que Alemania volviera a jugar un papel militar, un papel que los EEUU consideraba esencial
para mantener una fortaleza occidental en contra de la Unión Soviética. Fue
precisamente por estas razones que muchos segmentos de la izquierda europea y
los partidos comunistas se manifestaron desconfiados y hasta hostiles con el
tema de la unidad europea.
La
situación empezó a cambiar a finales de los años 60 y principios de los
70. La diferencia fundamental fue la
creciente fuerza económica de Europa Occidental, que dio lugar a un destello de un deseo de parte de los europeos
para dejar de estar siempre unidos a los EEUU en la escena mundial. Existía la percepción de que los intereses
de Europa Occidental no eran
necesariamente idénticos a los de los EEUU. Un aspecto era la actitud ante la Unión Soviética. La evolución del Ostpolitik de Alemania
Occidental y la insistencia al principio de los años 80 sobre la construcción
del gasoducto trans-europeo ( de la Unión Soviética a la Europa Occidental)
fueron dos instancias de un esfuerzo por aflojar los lazos. Desde luego, mientras existía una Unión Soviética, los europeos occidentales también temían que los EEUU podría
retirarse completamente de Europa, así
que fueron cuidadosos de no antagonizar demasiado a los EEUU, e
insistieron, retóricamente, en la
estrechamiento de estos lazos. No
obstante, de acuerdo a como iban
mostrando mayor independencia, los EEUU
perdía entusiasmo con la idea de la unidad europea. Sin embargo, este cambio también se dio con cautela, debido a que los EEUU consideraba que tenía que sostener una
retórica aprobatoria. Mientras que los EEUU se enfriaba con respecto a la
unidad europea, la Unión soviética, en un inicio muy hostil, por razones obvias,
comenzó a cambiar el tono de su discurso. Hasta Gorbachev, a finales de los años 8o, empezó a hablar de una sola Europa, descripción que disgustaba a los estadounidenses,
pero que fue mejor acogida por los europeos occidentales.
Las
tensiones medulares entre los EEUU y
Europa Occidental fueron la política militar y económica del
sistema-mundo. Las tensiones militares
eran las más notorias. Francia, en 1957,
rechazó la Comunidad Europea de Defensa
porque estaba preocupada con respecto a rearmar a los alemanes. Sin embargo, veinte años después fue la principal promotora de un ejercito
europeo basado en una colaboración franco-alemana. La idea no agradó a los EEUU,
por amenazar su dominio sobre
las decisiones militares occidentales vía la OTAN. Los alemanes se encontraban entre dos fuegos, accediendo a los franceses en
principio, mientras frenaban su
implementa-ción en la práctica. Aun
así, los EEUU pensaba que los alemanes
estaban demasiado entusiasmados con la idea.
En Europa hubo mayor apoyo
para la unificación monetaria inmediata.
Apoyo que ha producido el acuerdo sobre el euro que comienza su
existencia el 1º de enero de 1999. Los
EEUU tomó una postura formalmente benigna al respecto, suponiendo, como lo hicieron muchos otros,
que los esfuerzos fracasarían. Y así parecía
durante un tiempo. Como el camino hacia
el euro estaba pavimentado principalmente por las buenas intenciones de la
economía neoclásica, los encargados de
establecer las políticas estadounidenses podían haber visto algunas ventajas
colaterales para los EEUU. Sin embargo, en la realidad fue la combinación de
algunos años relativamente buenos para
las economías y la determinación política franco-alemana lo que permitió que
todos los estados pudieran alcanzar las pre-condiciones de Maastricht sin demasiadas
complicaciones y de pronto apareció el euro.
La situación militar había
cambiado por el colapso de los comunismos entre 1989-91, y la situación de la
economía-mundo por la llamada Crisis Asiática de 1997-98. El
colapso de los comunismos lógicamente debería haber llevado al desmantelamiento de la OTAN, ya que no había que enfrentar una amenaza
militar de la Unión Soviética. De
hecho, dio pié a un esfuerzo curioso para consagrar a la OTAN como la fuerza
policial mundial de facto. ¿Por
qué? Existen varias razones. La liberación de Europa Central/Oriental del
control de Rusia resultó ser una presión enorme de estos países para que los
admitieran simbólicamente en el Oeste, vía membresía en la OTAN y en la Unión
Europea. Consideraban que estos pasos asegurarían el logro acelerado a los niveles de vida europeos. Los EEUU aprobó tales expectativas en parte
por consideraciones de política doméstica y en parte con la esperanza que esto pondría fin a la idea de una fuerza
militar autónoma de Europa Occidental.
Mientras que los alemanes aprobaron dichas expectativas como parte de un
nuevo esfuerzo para asegurar el papel de Alemania como un actor económico principal en esta zona, los franceses las
aprobaron en parte porque sentían que
no deberían quedarse atrás en la lucha por tener influencia.
No obstante, ninguno de los países poderosos de
Europa Occidental-inclusive Alemania y Francia, querían ir demasiado
rápido ni demasiado lejos con una integración de Europa Central/Oriental a la
Unión Europea o a la OTAN. Había dos
razones. El precio económico era muy
alto y podría desequilibrar los compromisos que ahora existían en la Unión
Europea con respecto a subsidios agrícolas y transferencias de ganancias entre
Norte y Sur, para no mencionar el impacto sobre la inmigración. Sin embargo, había una segunda razón más
política, que se minimizó públicamente,
el impacto sobre las relaciones con Rusia.
Mientras tanto se llevan a
cabo muchas desintegraciones políticas en el mundo entero- en el Golfo Pérsico,
en las regiones del Cabo y de los
Grandes Lagos en Africa, y
especialmente en los Balcanes. Todas
las grandes potencias sentían que tendrían que hacer algo para restaurar la
estabilidad. Pero ¿qué? Los EEUU no aceptó la idea de utilizar la ONU como una agencia de control, y se aferró a la OTAN como su modo de
legitimar cualquier acción. Sin
embargo, la diferencia se hizo obvia
inmediatamente entre los intereses de los EEUU y de Europa. Eran competidores activos en cuestiones de
mercados e influencias en estas áreas.
Y sobretodo, ninguno estaba ansioso por pagar el precio
militar. La postura de EEUU ha
sido que ellos proveen la defensa aérea
y los europeos occidentales las fuerzas terrestres. Los europeos occidentales obviamente están menos entusiasmados
con esa división de acción. El resultado casi ha sido una parálisis en
la acción militar efectiva. Si la
justificación para la existencia de la OTAN es que pueda actuar en tales
situaciones, la evidencia, hasta
ahora, demuestra lo contrario. Pero los EEUU sabe que si se sale de la OTAN, se abre el camino para una creación
relativamente rápida de un ejercito
europeo occidental.
Mientras tanto, esta ocurriendo una tirantez similar
concerniente a la política de la economía-mundo. Cuando Valéry Giscard
d'Estaing crea la idea del G-7 al final de los años 70, la ve como una manera de reafirmar una mayor
presencia francesa en la esfera de la economía-mundo, y también es
probable que sea una manera de reducir la presencia de los EEUU. Los EEUU no la aceptó e insistió en ver al
G-7 simplemente como otro modo de implementar la política estadounidense, conjuntamente con el FMI y el Banco
Mundial. La combinación de la llamada
Crisis Asiática y el establecimiento del euro (y consecuentemente, la posición
mucho más fuerte de Europa Occidental)
ha paralizado al G-7 como sucede paralelamente con la OTAN. Ni los japoneses ni los europeos
occidentales están dispuestos a aceptar directrices estadounidenses sobre la
presente recesión mundial en proceso,
especialmente cuando los EEUU ni siquiera esta dispuesto a pagar sus
compromisos económicos (como el no aceptar proveer las fuerzas terrestres para
las operaciones de la OTAN).
Lo que queda claro es que
una Europa Occidental relativamente unificada ha logrado una presencia de larga
duración, y que está buscando crear rápidamente los mecanismos
políticos en concordancia con su fuerza económica. Y también está muy claro que su oponente principal es nada menos
que su aliado principal, los EEUU. Las presiones apuntan a la separación de los
involucrados. La consecuencia obvia por
parte de los europeos es la creación de una fuerza militar autónoma y el
fortalecimiento de su mecanismos políticos.
Esto significa que es poco
probable que continúen con una mayor integración a sus estructuras de Europa Central/Oriental, debido a dos
razones. Incorporar más miembros en
estos momentos complicaría mucho el
proceso de reforzar sus estructuras militares y políticas. Pero la segunda razón es aún mayor, la
geopolítica. A medida que Europa Occidental se transforma en una
presencia más relevante en la escena mundial,
existe algo que la podría fortalecer enormemente con respecto a los
EEUU--la inclusión de Rusia en su órbita geopolítica. Y esto significaría necesariamente que, en términos de los arreglos que haría Europa Occidental, Rusia
estaría primero y después Europa Central/Oriental. El orden inverso sería políticamente imposible debido a que los europeos centro/orientales
vetarían cualesquier acuerdo con Rusia.
Desde luego que los europeos centro/orientales temen esta supremacía de Europa Occidental, pero la pregunta es si lo pueden
detener. Sobre el horizonte hay un
segundo Rapallo, y esencialmente por
las mismas razones que el primero. Lo que
lo detiene es la anarquía interna de Rusia,
no la moderación europea. Si Lebed o alguien como él llegase al poder
y restableciera un semblante de poder de estado en Rusia, el proceso se adelantaría mucho más rápido
de lo que suponemos actualmente.
Nada de esto indica si las
tendencias que aquí se describen sean buenas o malas. La pregunta siempre es, ¿ buenas o malas para quién ? ¿Buenas
para la misma Europa Occidental? Los
vestigios de la oposición izquierdista a la unidad europea creen que no, pero
es dudoso si los estratos inferiores de
Europa Occidental están en peor situación debido a esta unidad de lo que
estarían de otra manera. ¿Buenas para
los EEUU? Obviamente no. ¿Buenas para los países del Sur? Este es el
argumento fundamental de la oposición izquierdista a la unidad
europea. Sin duda, Europa es tan poco dada a actuar de manera
altruista sobre asuntos Norte-Sur como los EEUU. No obstante, la
existencia misma de un Norte multipolar es definitivamente un beneficio para los países del Sur, porque les permite un mayor espacio para
maniobrar y perseguir sus intereses colectivos.
De manera extraña, en el mismo momento que experimentamos la
disminución del Occidente como civilización,
y un retorno a la importancia
aunque todavía no a la acción centralizadora de Asia Oriental, Europa como Europa recibe una nueva
oportunidad cultural. Aun no esta claro
que harán los europeos con esta oportunidad.
Immanuel Wallerstein
(Traducido por Patricia D'Esposito Bosco
y revisado por Roberto Campana Ferniot para PIHAAA, CIESTAAM; Universidad
Autónoma Chapingo, Chapingo México, México)
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