Fernand Braudel Center, Binghamton University
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Comentario # 9, feb. 1, 1999
"El
Mundo y Yugoslavia"
Yugoslavia, era un estado comunista
no muy diferente de los otros estados comunistas de Europa Oriental/Central,
durante los años que Tito la dirigió, exceptuando el hecho de ser
"neutro" en la Guerra Fría. De hecho, Yugoslavia era una de las
figuras principales en el movimiento mundial de " no alineamiento". Por cierto, Yugoslavia tenía muchos
problemas internos. El único problema
que parecía no tener era un conflicto entre grupos. El esquema Estalinista de
autonomía constitucional de grupos parecía funcionar en un diseño complicado de
jerarquías. De hecho, no parece que
hubo favoritismo significativo hacia ningún grupo étnico en particular al
designar posiciones al interior de Yugoslavia.
Con respecto a esto, Yugoslavia parecía ser un país casi modelo.
Cuando Tito murió, el estado Yugoslavo comenzó a
deshacerse lentamente, como sucedía en
todos los regímenes comunistas. El estado serbio canceló la autonomía en Kosovo
(área albanesa) y en Voivodina (área húngara).
Luego Eslovenia buscó separarse de Yugoslavia. Cuando lo logra, Croacia es la siguiente, sin embargo cuestionada
por la minoría serbia en Croacia.
Cuando Bosnia-Herzegovina
también se declaró independiente, estalló una guerra tri-partita, la cual finalmente terminó en una débil
tregua conocida como el acuerdo Dayton. Posteriormente estalla la guerra civil
en Kosovo.
Durante todo esto,
ha habido una década de acontecimientos de horror - violaciones,
torturas, asesinatos, y "limpiezas étnicas." Por supuesto, todos culpan a todos. Aun
cuando la culpa por todos estos horrores es desigual, desde el punto de vista
de la mayoría de los observadores internacionales, nadie tiene las manos limpias. Sin embargo ,la pregunta es ¿qué
se puede hacer al respecto? No es una
pregunta para los que viven allí. La mayoría
de las personas que viven en estos países piensan saber qué hacer -
pelear. La pregunta ¿qué hacer? es la
interrogante que se plantea el resto del mundo. Sin lugar a dudas que existen personas fuera de la región con
lazos de herencia étnica compartida o de solidaridad. Sin embargo, existen muchos otros, sin estos lazos, quienes se
preocupan por el papel correcto que deben adoptar.
El mundo occidental emplea dos lenguajes diferentes
cuando habla acerca de los conflictos de esta región del mundo. Uno de los
lenguajes es el geopolítico; y el otro
es el lenguaje de los derechos humanos.
Cada uno es complejo. En
términos geopolíticos, el conflicto
concierne a los "grandes poderes" por dos razones. Por un lado, existe el temor de que la guerra continuada
se extenderá a áreas que aún no están involucrados, como por ejemplo las partes
de los Balcanes. Es como un incendio
forestal que al no poder contenerlo, podría extenderse y dañar seriamente el
estatus quo del mundo. Por lógica entonces, los poderes mundiales deben
"interferir". Pero ¿cuál o cuáles
de estos grandes poderes?, y ¿con qué tipo de interferencia? Los EEUU, Europa Occidental (en forma
colectiva e individual), y Rusia todos han intentado "interferir" y
de esa manera contener, sino resolver, el conflicto.
Existen dos problemas medulares. Como siempre, los grandes poderes tienen
conflictos de intereses en la región. y
por lo tanto tienden a llegar a conclusiones diferentes con respecto al
tipo de interferencia, prefiriendo el tipo que permitirá a sus amigos
prevalecer. En consecuencia, es
evidente que no han actuado en armonía. El hecho que ninguno haya querido
utilizar seriamente la fuerza militar en la región ha empeorado la situación.
Es difícil interferir con éxito si uno tiene las manos atadas.
De esta manera hemos arribado a la situación
intermedia y poco clara que solo podemos observar: interferir lo
suficientemente como para disminuir la acción de algunos de los participantes
en los conflictos, pero no lo necesario
como para detener a cualquiera de ellos en sus esfuerzos por continuar sus
conflictos con violencia. Esta clase de situación intermedia siempre beneficia
a la más fuerte y más decisiva de las fuerzas locales y al mismo tiempo socava
la credibilidad de cualquier otra interferencia de los grandes poderes (y no
solo en esta región).
Sin embargo, para muchas personas fuera de la región
no es un asunto de geopolítica sino de los derechos humanos. Según ellos, la limpieza étnica es
profundamente inmoral y la obligación de la comunidad internacional es
detenerla, empleando la fuerza si fuera necesario, además de juzgar
individualmente a sus perpetradores.
Las personas que argumentan a favor de esta postura lo hacen de manera
muy estridente. Sin embargo, rara vez están en posiciones de ejercer el poder
estatal. No obstante, los medios les
permiten difundir sus denuncias y sus peticiones, y de esta manera se han convertido en un factor político real en
las luchas internas.
Desde luego,
los apoyadores del enfoque de
los derechos humanos tienen toda la razón con respecto a algo fundamental. La
limpieza étnica es inmoral y el mundo debe hacer algo para detenerla. Pero la
pregunta es ¿qué? Los que abogan por el enfoque de los derechos humanos no son
ingenuos. No piensan que es suficiente con denunciar el mal. Quieren acción, y saben que si es acción lo
que quieren, tienen que depender de la maquinaria coercitiva de los estados.
Sin embargo, como no existe un gobierno mundial con una fuerza policíaca, la
única maquinaria coercitiva disponible es la de los ejércitos de los grandes
poderes. Estos han estado dando prioridad a las consideraciones geopolíticas,
que los lleva a conclusiones diferentes a las de los defensores de los derechos
humanos.
Los
grandes poderes han enunciado la retórica de los derechos
humanos de vez en cuando, según sus necesidades, pero no han querido hacer algo
al respecto. Hecho que no ignoran los que abogan por los derechos humanos. Es
importante comprender que esta tensión entre lo geopolítico y los derechos
humanos se aprecia de manera diferente en el mundo occidental que en los otros
tres continentes: Asia, África y América Latina. En el mundo occidental se entiende como un conflicto entre los
realistas y los idealistas (en el lenguaje de la geopolítica) o entre los
cínicos y los guiados por valores morales (en el lenguaje de los que defienden
los derechos humanos).
En los otros tres continentes la gente tiende a entenderlo de otra manera. Mientras
que muchos están tan en contra de la limpieza étnica como cualquiera en el
mundo occidental, no están seguros de que exista alguna ventaja en la
interferencia de los grandes poderes en nombre de los derechos humanos. Lo que se recuerda es que todas las
ofensivas imperialistas del siglo dieciocho estaban disfrazadas del lenguaje de
una "misión civilizadora", de la necesidad de poner fin a las
acciones "bárbaras" de los déspotas locales y sus costumbres
"crueles" (incluyendo la esclavitud y el canibalismo). En los tres continentes se sospecha que detrás de la retórica de los derechos
humanos a menudo subyace una nueva invasión imperialista, sino en intención,
como un hecho real. No están seguros
que la ocupación de Kosovo por tropas estadounidenses o de Europa Occidental
(aún cuando estuviesen listos para hacerlo) daría como resultado una situación
moral o políticamente mejor que la actual.
Tampoco están seguros que si alguna vez estas tropas entraran a la
región, estas se irían fácilmente.
Se puede decir que existen cuatro diferentes
posiciones con respecto a la limpieza étnica en la otrora Yugoslavia (y por
analogía en otras partes del mundo): la de las personas de la región; la de los
geopolíticos al interior de los grandes poderes; la de los que abogan por los
intereses de los derechos humanos( básicamente pero no únicamente
occidentales); y la de las personas políticamente alertas en los tres
continentes. Los cuatro puntos de vista
son básicamente incompatibles entre sí.
Immanuel
Wallerstein
(Traducido por Patricia D'Esposito Bosco y revisado por Roberto Campana Ferniot para PIHAAA, CIESTAAM; Universidad Autónoma Chapingo, Chapingo México, México)
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