Fernand Braudel
Center, Binghamton Univ.
http://fbc.binghamton.edu/commentr.htm
Comentario Nº 101, 15 de noviembre de
2002
El presidente Bush se ha abierto camino,
tanto en las elecciones estadounidenses como en el Consejo de Seguridad de la
ONU. Con la victoria de Lula la esperanza venció al miedo; con la victoria de
Bush, el miedo ha vencido a la esperanza. En la administración Bush reina ahora
la satisfacción. Piensan que pueden llevar hasta el final su programa. Cuentan
con un Congreso y un Consejo de Seguridad que seguirán cumpliendo la agenda de
Bush. Piensan que han acorralado a Saddam Hussein.
¿Cuál es su agenda? Lo principal es que
tienen una agenda a corto plazo y otra a largo plazo, pero nada en medio. Su
agenda a corto plazo en los propios Estados Unidos consiste en satisfacer a los
tres sectores que les apoyan: los conservadores económicos, los conservadores
sociales y los militaristas prepotentes. Los conservadores económicos están
interesados ante todo en dos cosas: impuestos más bajos y reducción de las
restricciones que les han impuesto ciertas consideraciones ecologistas. Los
conservadores sociales están interesados en legislar la sexualidad, en penalizar
más duramente la delincuencia, y en la libertad para poseer y utilizar armas.
Los militaristas prepotentes están interesados en reforzar la potencia militar
estadounidense y en utilizarla.
Esos objetivos a corto plazo se pueden llevar
a la práctica convirtiendo en permanentes los recortes de impuestos, poniendo
fin al impuesto sobre la propiedad inmobiliaria, nombrando jueces de derechas
para los tribunales federales e invadiendo Iraq. Ahora que tienen el poder para
hacer esas cosas, las harán. Lo único que se puede decir de la administración
Bush es que no se andan con chiquitas. Sólo hacen las concesiones que se ven
absolutamente obligados a hacer; en otro caso se van abriendo camino a
machetazos por todas las selvas. Sin duda encontrarán algunos obstáculos en su
camino: alguna dificultad ocasional en el Congreso (uno o dos senadores
filibusteros, algunos republicanos "moderados" que vacilan con
respecto a algunos proyectos de ley determinados), un intento de otros países
de interpretar las futuras acciones de Saddam Hussein menos biliosamente que la
versión que oiremos a Condoleeza Rice. Pero la respuesta de la administración
Bush a los obstáculos es la acción brutal para superarlos. Y como eso parece
que ha funcionado este mes de noviembre, no tienen motivos para enmendar sus
modales.
¿Pero por qué ha funcionado? Parece claro que
la respuesta es el miedo: el miedo del pueblo estadounidense y el miedo del
resto del mundo. El 11 de Septiembre hizo temblar a los estadounidenses. Pero
eso se debió a que ya estaban angustiados, y el 11 de Septiembre simplemente
cristalizó un sentimiento vago convirtiéndolo en una preocupación acuciante. El
pueblo estadounidense teme a los terroristas; teme a los musulmanes; teme a los
extranjeros. Percibe que Estados Unidos ya no es tan fuerte como lo fue en otro
tiempo, que no se le respeta tanto como en otro tiempo, que no se le aprecia
tanto como en otro tiempo. Es el miedo a que el nivel de vida estadounidense se
vea en peligro: el miedo a la inflación y a la deflación, el miedo de perder de
empleo. Es el miedo a que, si viven más tiempo, ya no vivirán tan bien, ya que
los cuidados sanitarios para los ancianos son mucho más endebles de lo que la
gente espera y quiere. El presidente Bush responde a ese miedo, no diciendo que
no haya un problema, sino diciendo que hay un problema para el que él tiene el
remedio: la acción decidida y vigorosa. La administración Bush desborda
confianza en sí misma y eso atrae a la gente atemorizada, al menos a quienes
prefieren votar por la rudeza.
Por supuesto, nada de esto explica cómo
consiguió Estados Unidos una votación 15-0 en el Consejo de Seguridad para su
resolución; una resolución algo descafeinada sin duda, pero que permite a
Estados Unidos seguir adelante, y en el momento adecuado invadir Iraq. Lo que
explica esa votación es también el miedo. Pero no es Saddam Hussein quien lo
inspira. No hay ni un solo miembro del Consejo de Seguridad que, de no ser por
el impulso de Estados Unidos, hubiera planteado esa cuestión sobre la mesa. Ni
un solo miembro cree realmente que Saddam Hussein suponga una amenaza a corto
plazo para la paz del mundo, ni que la acción contra Iraq sea una preocupación
prioritaria de la comunidad mundial.
Así pues, ¿por qué todos ellos acabaron votando a favor de la resolución, hasta Francia, Rusia y China, hasta Siria? La respuesta es muy simple. Todos ellos temen a la administración Bush. Ha dejado claro que emprenderá cualquier acción punitiva que esté en sus manos contra cualquier país que se le ponga por delante, no sólo Isla Mauricio o Siria, sino Alemania o Canadá. Por eso cada uno de esos países ha tenido que sopesar las consecuencias a corto plazo de la rebeldía. Y el precio parecía alto. Así pues, aunque vacilaban y consiguieron algunas concesiones para salvar la cara (no demasiadas), al final se doblegaron. Hubo un tiempo en que los amigos y aliados de Estados Unidos se alineaban felices tras el liderazgo estadounidense en una crisis mundial. Esa época terminó. Ahora se alinean de mala gana porque temen, no a Estados Unidos en abstracto, sino concretamente a la administración Bush.
Un factor que hecho posible esa situación ha
sido el colapso mundial del centro reformista. Hay un notable paralelo, al que
la prensa no ha prestado atención, entre las últimas elecciones francesas y las
últimas elecciones estadounidenses. Se esperaba en un principio que los
socialistas ganarían en Francia. Y se esperaba en un principio que los
demócratas ganarían en Estados Unidos. Ambos perdieron por un margen muy
estrecho. Le Pen sobrepasó a Jospin en la primera vuelta por una escasa
diferencia. Un desplazamiento de 50.000 votos en dos estados norteamericanos
habría dado a los demócratas el control del Senado estadounidense.
Hubo un factor común a ambas derrotas: El
agotamiento del programa histórico de los dos partidos. En ambos países, un
gran número de votantes veía que su partido no mantenía sus posiciones, que
trataba de imitar a los conservadores, aunque perdiera su base. Se trata de un
reflejo del largo declive de los movimientos tradicionales de centro-izquierda,
que en otra época dominaron la escena mundial. A continuación de las
elecciones, a ambos partidos les falta un líder claro y un programa claro. Se
ven acosados por debates internos sobre si deben moverse más hacia el centro (y
tratar de quitar unos pocos votos a los conservadores) o hacia la izquierda (y
tratar de recuperar los votos de los desilusionados). No es una opción táctica
fácil, porque en cualquiera de los dos casos perderán votos igual que los
ganarán. Y ninguna táctica funcionará si no hay un programa claro. ¿Pero lo
habrá?
Así pues, a corto plazo, parece probable que
la agenda Bush pueda prevalecer. A largo plazo, la administración Bush sabe
también lo que quiere: menos restricciones a la adquisición de riqueza (sea
cual sea el resultado en polarización nacional, social y económica mundial); el
retroceso de los hábitos sociales liberales que han envuelto la escena mundial;
y estructuras autoritarias de facto, para las que la democracia no es
otra cosa que cambios menores entre grupos de elite cada pocos años.
¿Pero pueden pasar de la agenda a corto plazo
a la agenda a largo plazo? La administración Bush simplemente supone que puede
hacerlo; y no malgasta su tiempo pensando en etapas intermedias. Ese es su talón
de Aquiles. ¿Pueden realmente contener los estragos que originará la invasión
de Iraq en la política de Oriente Medio? ¿Están dispuestos realmente los
estadounidenses medios a dedicar su dinero y las vidas de sus hijos a respaldar
la agenda de Bush, especialmente si no retribuye seguridad y prosperidad, algo
que es muy improbable que haga? ¿Puede aguantar realmente el dólar tensiones
adicionales sobre su credibilidad? ¿Puede realmente Estados Unidos bloquear la
proliferación nuclear? ¿Puede contener el levantamiento populista que se está
produciendo en América Latina? ¿Cuánto tardarán China, Japón y Corea en llegar
a un acuerdo común que no satisfará en absoluto a Estados Unidos?
La agresiva apertura ajedrecística de la
administración Bush ha sido espectacular. ¿Pero ha sido prudente, incluso desde
su punto de vista? ¿Puede realmente el miedo vencer a la esperanza durante
mucho tiempo?
Immanuel
Wallerstein (15 de noviembre de 2002).
![]()
© Immanuel Wallerstein 1998, 1999, 2000, 2001.
Copyright de Immanuel Wallerstein. Todos los derechos de reproducción
reservados. Los Comentarios pueden bajarse al disco duro, remitirse a otros vía
correo electrónico o colgarse en sitios no comerciales de Internet, siempre que
el texto permanezca íntegro y se reproduzca la nota del copyright. Para
traducir un texto, publicarlo en forma impresa o en cualquier otra, incluidos
sitios comerciales de Internet o extractos, contáctese por favor con el autor
en: iwaller@binghamton.edu; fax:
1-607-777-4315.
|
|
|