Fernand
Braudel Center, Binghamton University
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Comentario Núm. 104 - 1 de enero de
2003
"El nordeste de
Asia en la próxima década"
Aunque la atención
del mundo durante 2002 se ha concentrado en gran medida en Iraq, en una región
aún más crucial del sistema-mundo, el nordeste de Asia, se han producido
acontecimientos extremadamente importantes durante el pasado año. En China ha
tomado el relevo una generación algo más joven. Japón se ha ido apartando lenta
y silenciosamente de Estados Unidos, como Alemania. Y en Corea han tenido lugar
dos eventos que prometen transformar la situación de aquella región y del
mundo.
Corea del Norte ha
reaccionado a la línea dura del presidente Bush –que ha interrumpido las
negociaciones y ha incluido a Corea del Norte en su "eje del mal"–
con una demostración de que a ese juego pueden jugar los dos partes. El
gobierno norcoreano ha venido anunciando sucesivamente que posee armas de
destrucción masiva, que va a volver a poner en funcionamiento su reactor
nuclear y que ha desactivado los dispositivos de detección nuclear de la
Agencia Internacional de Energía Atómica. Simultáneamente, Corea del Sur ha
elegido a Roh Moo Hyun, el candidato del partido del Milenio, que promete
mantener la política de "sol radiante" del presidente Kim Dae Jung.
Cierto es que la elección ha sido apretada, pero hasta hace muy poco se
esperaba que la ganara un candidato más conservador, hostil a la política de
"sol radiante", y no cabe duda de que el sentimiento anti-Bush ayudó
a ganar a Roh Moo Hyun, como había ayudado a Gerhard Schroeder en Alemania hace
unos meses.
A corto plazo, ambos
desafíos a los planes estadounidenses suponen un revés para el presidente Bush.
Puede que éste crea que resolverá los problemas coreanos una vez que solvente
la situación iraquí y derroque a Saddam Hussein. Pero en realidad es muy poco
lo que puede hacer. En el caso de Corea del Norte tiene que optar entre
negociar o combatir. Y por poco que le apetezca negociar, la guerra no es una
opción deseable, ya que la última terminó en tablas. Y aunque la situación
mundial, desde el punto de vista político y militar, haya cambiado desde hace
50 años, no es seguro que a Estados Unidos le vaya a ir mejor esta vez. Lo que
sí es seguro es que en caso de guerra la población surcoreana y las tropas
estadounidenses estacionadas allí serían muy vulnerables a una muerte súbita.
Pero si Corea del Norte consigue llevar a Estados Unidos a la mesa de
negociaciones, eso se entenderá como una humillación al presidente Bush.
Éste cuenta al
parecer con que los vecinos de Corea del Norte –Corea del Sur, Japón, China y
Rusia– se unan a Estados Unidos para conseguir que Corea del Norte desmantele
su programa nuclear antes de cualquier negociación. Sin embargo es poco
probable que esos vecinos inviertan demasiado esfuerzo en el plan de Bush,
aunque también les gustaría ver desmantelado el programa de Corea del Norte. Y
en cualquier caso es muy improbable que Corea del Norte ceda a esas presiones.
Lo más probable es que la presión estadounidense conduzca a fuertes divisiones
internas en Corea del Sur, Japón y hasta en China.
Sería un error
considerar la situación sólo en términos de los problemas inmediatos.
Convendría por el contrario tener en cuenta las preocupaciones a largo plazo de
las tres zonas históricas del nordeste de Asia –China, Corea y Japón– y cómo
interactúan actualmente los tres conjuntos de preocupaciones zonales. Las prioridades
de China parecen muy claras: mantener al país unido, reforzarse militarmente,
aumentar su participación en la producción mundial y reincorporar a Taiwán.
Además, me parece que las he enumerado según su orden de importancia para el
gobierno chino. Éste ha hecho importantes progresos durante la última década en
las cuatro esferas, y es probable que siga haciéndolos en la próxima. Sin
embargo, si fracasara en el primer objetivo –mantener al país unido– los otros
tres resultarían prácticamente imposibles. Y aunque el gobierno chino lo ha
venido haciendo bien a este respecto, sabe que tiene que afrontar continuamente
peligrosas situaciones internas.
Para Corea –del
Norte y del Sur– la cuestión primordial es y seguirá siendo la reunificación.
¿Pero en qué términos y a qué precio? Ambos gobiernos están decididos a no
hacer concesiones políticas sustanciales, y si no se produce un cambio la
reunificación es imposible. Económicamente, Corea del Norte parece estar en una
situación desesperada, mientras que a Corea del Sur le preocupa mantener su
posición relativamente buena en la economía-mundo, amenazada por el declive
económico mundial y los enormes costes de cualquier intento de unificación. La
experiencia alemana es un aviso para la conciencia colectiva surcoreana.
Supongo que los norcoreanos partidarios de la política del "sol
radiante" esperan que aparezca un Gorbachev norcoreano, pero es muy
incierto lo que podría suceder si efectivamente apareciera.
En cuanto a Japón,
el estado de ánimo político en la actualidad es de absoluta incertidumbre sobre
qué hacer y prevalece la sensación de que, si uno no está muy seguro de hacia
dónde encaminarse, lo mejor es no hacer nada, o apenas nada. Hay dos dudas
principales: cómo recuperar la sensación de dinamismo económico mundial que
mostró Japón en las décadas de 1970 y 1980; y si convertirse o no en una
potencia militar normal y con ello en un actor político semi-independiente en
la escena mundial.
La realidad es que
los dilemas que afrontan las tres zonas del nordeste de Asia no tienen solución
por separado. Están entrelazados porque la duradera influencia del nordeste de
Asia en la escena mundial depende de su capacidad para unirse como región
económicamente y constituir un triángulo cooperativo en las esferas política y
militar. Eso significa no sólo resolver los dilemas internos de cada uno sino
resolver agravios históricos muy profundos. Ni Corea ni China han perdonado a
Japón su política agresiva de la primera mitad del siglo XX; Japón todavía
sufre una crónica sensación de deuda cultural hacia China e incluso hacia
Corea, y ni todos sus recientes logros le han permitido superar totalmente
cierta sensación de inferioridad. Y China y Corea siguen desconfiando mucho una
de otra.
Sin embargo, las
tres zonas tienen mucho que ofrecerse mutuamente, y comparten no sólo la
contigüidad geográfica sino una herencia cultural común no muy diferente de la
que los países de Europa occidental emplean como ligazón. Pero es la
geopolítica de la situación la que ocupa el primer plano. En una era de declive
hegemónico estadounidense, el nordeste de Asia compite menos con Estados Unidos
que con Europa occidental como principal foco de acumulación de capital del
próximo medio siglo. Y en una era de transición del sistema-mundo, el nordeste
de Asia no podrá defender sus posiciones a menos que sea capaz de afrontar el
problema de la desigualdad global y las demandas del Sur de un tipo
cualitativamente diferente de sistema-mundo. Tanto en un sentido como en otro,
como foco de acumulación de capital o para superar la polarización del
sistema-mundo existente, el nordeste de Asia no podrá desempeñar el papel que
manifiestamente desea jugar sin unirse de algún modo. Y esa unión depende de la
capacidad de las tres zonas para resolver sus actuales dilemas y ayudarse
mutuamente a resolverlos.
Immanuel Wallerstein
© Immanuel
Wallerstein 1998, 1999, 2000, 2001.
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