Fernand Braudel Center, Binghamton University
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Comentario Nº 113, 15 de mayo de 2003
“El Imperio y los
Capitalistas”
George
W. Bush piensa sin duda que se halla a la vanguardia de quienes defienden el
sistema-mundo capitalista. Sin duda, gran parte de la izquierda mundial también
lo piensa. ¿Pero piensan lo mismo los grandes capitalistas? Eso no es tan
evidente. Morgan Stanley, una de las principales firmas financieras de
inversión, ha lanzado una importante señal de alarma en su Foro Económico
Global. Stephen Roach escribe que un "mundo USA-céntrico" es
insostenible para la economía-mundo y malo en particular para Estados Unidos. La
emprende en concreto contra Robert Kagan, un destacado intelectual
neoconservador, que ha venido argumentando que la hegemonía estadounidense sólo
puede aumentar, en particular frente a Europa. Roach no está en absoluto de
acuerdo; considera que la actual situación mundial muestra "profundas
asimetrías" en el sistema-mundo, que no pueden mantenerse.
¿En qué
se basa Roach? El mundo ha sido testigo de una "gran desinflación
[magnífico eufemismo] entre 1982 y 2002 [una evaluación saludablemente
diferente a las acostumbradas jactancias sobre la fuerza de la posición
económica estadounidense en la economía-mundo] y ahora asistimos al despliegue
de un nuevo desequilibrio: el intento de establecer un mundo
USA-céntrico". ¿Por qué? En primer lugar y ante todo debido a "las
disparidades crecientes en las transacciones con el extranjero de los distintos
países". Dice que "en la medida en que Estados Unidos siga
derrochando su ahorro nacional, ya muy mermado", y que "el resto del
mundo permanezca anclado en patrones de consumo inferiores a su
aportación", la situación sólo puede empeorar.
Finalmente,
ésta es su conclusión: "¿Puede una economía estadounidense escasa de
ahorros seguir financiando una expansión cada vez mayor de su superioridad
militar? Mi respuesta es un rotundo ‘no’". ¿Qué sucederá entonces? Los
"precios de los activos denominados en dólares, comparados con los
demás" deben caer, y lo harán, drásticamente, muy pronto. Según la
estimación de Roach, "una caída del 20% en el tipo de cambio real y
aproximadamente el doble en términos nominales, elevados tipos de interés
reales, reducido crecimiento de la demanda interna, y un crecimiento más rápido
en el extranjero". Concluye su artículo diciendo que "el mundo no
funciona como una economía global" (por mucho que se empeñen los teóricos
de la globalización), y que "para una economía global desequilibrada, el
debilitamiento del dólar puede ser la única vía de escape".
En
resumen, Roach argumenta que el militarismo macho del que alardea el régimen de
Bush, el sueño de los halcones estadounidenses de remodelar el mundo a su
imagen y semejanza, es no solamente imposible, sino claramente negativo desde
el punto de vista de los grandes inversores estadounidenses, la audiencia para
la que él escribe, los clientes de Morgan Stanley. Roach tiene por supuesto
toda la razón, y es de señalar que no se trata de un intelectual de izquierdas,
sino de un representante del gran capital.
Considerado
en una perspectiva histórica amplia, lo que vemos aquí es la tensión existente
desde hace 500 años en el sistema-mundo moderno entre quienes desean proteger
los intereses de las capas capitalistas asegurando una economía-mundo que
funcione bien, con un poder hegemónico pero no imperial que garantice su
respaldo político, y quienes desean transformar el sistema-mundo en un
imperio-mundo. Ya tuvimos tres importantes intentos en la historia del
sistema-mundo moderno en el mismo sentido: el de Carlos V/Fernando II en el
siglo XVI, el de Napoleón a comienzos del XIX, y el de Hitler a mediados del
siglo XX. Todos ellos tuvieron al principio un gran éxito, hasta que chocaron
contra el muro organizado por las potencias que acabaron convirtiéndose en
hegemónicas: las Provincias Unidas, el Reino Unido y Estados Unidos.
La
hegemonía no es cuestión de militarismo macho; se trata por el contrario de
eficacia económica, que haga posible la creación de un orden mundial en términos
que garanticen un sistema-mundo que funcione suavemente, en el que la potencia
hegemónica atrae una parte desproporcionada de la acumulación de capital. Estados
Unidos gozó de esa situación desde 1945 hasta 1970, aproximadamente, pero ha
venido perdiendo esa ventaja desde entonces. Y cuando los halcones
estadounidenses y el régimen de Bush decidieron intentar invertir el declive
emprendiendo la vía del imperio-mundo, le hicieron un flaco favor a Estados
Unidos y a los grandes capitalistas basados allí, si no inmediatamente, en un
futuro muy próximo. Eso es lo que advierte Roach, y de lo que se queja.
¿Pero
no les da el régimen de Bush a esos capitalistas todo lo que quieren, por
ejemplo enormes reducciones de impuestos? ¿Es eso lo que realmente quieren? No
Warren Buffett, ni George Soros, ni Bill Gates (hablando por boca de su padre).
Quieren un sistema capitalista estable, y Bush no les está dando eso. Más
pronto o más tarde convertirán su descontento en acción; puede que ya lo estén
haciendo. Eso no significa que triunfen. Bush puede ser reelegido en 2004;
puede profundizar su locura política y económica, y puede tratar de hacer
irreversibles sus cambios.
Pero en
un sistema capitalista también hay que contar con el mercado. El mercado no es
todopoderoso, pero tampoco del todo impotente. Cuando se hunda el dólar, y se
hundirá, todo cambiara geopolíticamente., ya que el colapso del dólar será
mucho más significativo que el ataque de Al Qaeda contra las Torres Gemelas. Estados
Unidos ha podido sobrevivir a ese ataque, pero veremos unos Estados Unidos muy
diferentes una vez que se hunda el dólar. Estados Unidos no podrá seguir
viviendo muy por encima de sus medios, consumiendo a expensas del resto del
mundo. Los estadounidenses pueden comenzar a sentir lo que sienten los países
del Tercer Mundo cuando el FMI les impone un reajuste estructural: un brusco
descenso de su nivel de vida.
La casi
bancarrota de los gobiernos estatales en Estados Unidos es ya un presagio de lo
que vendrá. Y la historia recogerá que el régimen de Bush, enfrentado a una
mala situación económica en Estados Unidos, hizo todo lo posible por
empeorarla.
Immanuel
Wallerstein (15 de mayo
de 2003).
© Immanuel Wallerstein 2003
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Translated
for RED VASCA ROJA by Juan Mª de Madariaga.
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