Fernand Braudel Center, Binghamton University
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Comentario Nº 117, 15 de julio de 2003
¿Cuándo
caerá Bush?
Los
días de Bush están contados. Se encuentra en serias dificultades, que no se van
a mitigar. El montaje de justificaciones para la invasión de Iraq se va
desmoronando poco a poco. Tanto él como Blair han tenido que desdecirse de
algunas de sus declaraciones más escandalosas. Las famosas armas de destrucción
masiva no aparecen por ninguna parte. y si aparecen algunas, profundamente
enterradas en algún sitio, todo lo que se demostrará es que esas armas no eran
inmediatamente utilizables en una guerra, y menos en el famoso intervalo de 45
minutos de Tony Blair. Los tubos de aluminio parecen ser exactamente lo que
Saddam Hussein dijo que eran, material para cohetes. Los supuestos vínculos
entre Saddam Hussein y Al Qaeda no se pudieron demostrar nunca y no se han
aducido pruebas que los confirmen. Bush ha descargado la responsabilidad sobre
la CIA, mientras que el presidente republicano del comité de inteligencia del
senado acusa a la CIA de filtrar material para crear dificultades al presidente
Bush. Los ladrones comienzan a contradecirse mutuamente.
Estados
Unidos pasó ya por una situación parecida, no hace mucho tiempo. La cobertura
del presidente Nixon funcionó bien al principio, mientras sólo uno de los
implicados tuvo que hacer frente a las acusaciones. Pero cuando Nixon trató de
echarle la culpa a sus encubridores (recuérdese a John Dean), éstos comenzaron
a revelar la verdad. Nixon fue reelegido, y consiguió mantenerse unos meses. Pero
al final tuvo que dimitir cuando era inminente el impeachment.
Evidentemente,
se trata de dos situaciones muy diferentes en cuanto a los detalles; pero hay
algunas similitudes notables. Ambos casos tuvieron lugar en el contexto de una
opinión pública estadounidense ambivalente frente a una guerra. En ambos se
vieron implicados presidentes dispuestos a utilizar todos los instrumentos a su
alcance para imponer sus planes e intimidar a los oponentes. Ambos tenían en su
entorno a maestros en el arte de negarse a contestar claramente. El
vicepresidente Cheney debió de educarse con el fiscal general de Nixon John
Mitchell.
En la
política –ya sea mundial, nacional o local– se puede obtener mucho apoyo
mientras se es ganador, pero ese apoyo suele desaparecer en cuanto se comienza
a perder. Bush prometió a Estados Unidos y al mundo una transformación de Iraq,
y de todo Oriente Medio, si se conseguía derrocar a Saddam Hussein. En este
momento, casi tres meses después del colapso militar del régimen iraquí, ¿cuál
es la situación en Iraq? Todos los días mueren soldados estadounidenses en lo
que es claramente una guerra de guerrillas de cierta consideración. Los
policías iraquíes, recientemente nombrados por los ocupantes estadounidenses,
amenazaron con la dimisión si los soldados estadounidenses no abandonaban sus
instalaciones, temiendo por sus vidas si se mantenían demasiado estrechamente
asociados a los ocupantes. Al parecer, los soldados estadounidenses no son
vistos como protectores de quienes cooperan con ellos sino como una asociación
forzada que pone en peligro sus vidas.
Los
ocupantes estadounidenses han sido incapaces de restaurar siquiera un mínimo de
electricidad en los centros urbanos de Iraq. Francamente, me sorprende. Cabría
pensar que el gobierno estadounidense podría reunir a los ingenieros
necesarios, transportar en aviones el equipo necesario, y suministrar la
protección necesaria a los ingenieros a fin de que éstos pudieran restaurar la
electricidad en una semana o los. ¿Es demasiado caro? ¿Hay otras prioridades? ¿Piensa
Estados Unidos que no es tan importante.? Los iraquíes de a pie creen que es la
prioridad número uno y se están irritando mucho. El país podría muy pronto
añorar con nostalgia el régimen derrocado por Estados Unidos.
Entretanto,
en Gran Bretaña, el heroico aliado de Estados Unidos, Tony Blair, se encuentra
con dificultades cada vez mayores. Los conservadores han decidido que ya no les
reporta ventajas apoyarle. Los liberales nunca lo hicieron. Va creciendo el
número de parlamentarios laboristas inquietos. Justamente en este momento,
Estados Unidos ha anunciado que va a juzgar a seis personas en Guantánamo, de
las que dos son ciudadanos británicos. En Gran Bretaña se anuncia una tormenta
entre juristas muy respetables que objetan lo que consideran procedimientos
dudosos y hasta ilegales. Solicitan a Blair que pida a Estados Unidos la devolución
de esos hombres a la justicia británica. Pero Blair no puede prometer a Estados
Unidos que las confesiones extraídas en ausencia de asesoría legal puedan
servir como prueba ante los tribunales británicos. Estados Unidos no puede
ayudar a Blair en esa dificultad sin poner en peligro toda la estructura de la
pesadilla de Guantánamo. Al mismo tiempo, al gobierno estadounidense le está
resultando difícil convencer a ningún abogado estadounidense para que asuma la
defensa, ya que aseguran que las reglas están amañadas contra ellos
ilegítimamente.
Se
suponía que la victoria estadounidense en Iraq tendría como efecto que los
aliados recalcitrantes –Francia, Alemania, Rusia– cambiarían de actitud, pero
no hay ningún signo de que eso haya sucedido. ¿Y por qué deberían hacerlo? Cuando
la revista Time realizó una encuesta en Europa en marzo, preguntando cuál de
los tres –Corea del Norte, Iraq o Estados Unidos– era la mayor amenaza para la
paz mundial, un abrumador 86,9% respondió que Estados Unidos. Y Estados Unidos
y Europa se encuentran enfrentados sobre cuestiones comerciales rutinarias. En
este aspecto la posición de Estados Unidos es claramente la más débil. La
Organización Mundial del Comercio está adoptando decisiones contrarias a
Estados Unidos en esas cuestiones. Muchos países pequeños se están negando en
silencio, y algunos no tan silenciosamente, a plegarse a la insistencia
estadounidense en ser el único país por encima del derecho internacional.
Y por
último, sin que sea lo más importante, la economía estadounidense no va nada
bien. Además, hay conservadores vociferando que el régimen de Bush no es
realmente conservador, porque está incrementando, no reduciendo, el papel del
Estado. Howard Dean está despegando como un candidato demócrata potencial. Y
aunque no consiga la nominación, lo que quizá pueda hacer, ya ha obligado a
otros candidatos demócratas a "moverse hacia la izquierda" para
tratar de conquistar parte del apoyo que Dean parece estar obteniendo.
¿Puede
darle la vuelta Bush a todo esto? A corto plazo, tal vez. Si consigue capturar
a Saddam Hussein, eso le ayudará. Una vez más, también me extraña que Estados
Unidos no haya sido capaz de hacerlo. Pero quizá no debería extrañarme tanto. Osama
bin Laden no ha sido capturado, ni muerto ni vivo, en los dos años que lleva
Bush intentando atraparlo. El mullah Omar está todavía en libertad, y parece
que está organizando de nuevo a los talibán.
En
cuanto a los halcones que rodean a Bush, el día después de la caída de Bagdad
comenzaron a clamar por la invasión de serie de Siria. Pero todo eso está ahora
callado. Ni Irán ni Corea del Norte han frenado su pretensión de hacerse con
armas nucleares; por el contrario, prácticamente lo están proclamando a los
cuatro vientos. Y Estados Unidos se está comportando con mucha prudencia; no
parece contar siquiera con las tropas necesarias para hacer lo que necesita
urgentemente, reforzar su posición en Iraq, y mucho menos para atacar a Irán o
a Corea del Norte. Tampoco sus iniciativas diplomáticas están consiguiendo
mucho, ni en Israel/Palestina, ni en el nordeste de Asia, ni siquiera en
América Latina.
Si yo
fuera George W. Bush, estaría muy preocupado. Quizá él no lo esté; la soberbia
es heraldo de la ruina [Proverbios, 16:18]. Pero apuesto a que algunos de sus
inteligentes asesores políticos comienzan a morderse las uñas. Se sentían muy
seguros de sí mismos no hace mucho, pero el buque del Estado ha entrado en
aguas turbulentas. Puede que no naufrague inmediatamente, ¿pero alcanzará la
costa a salvo? La probabilidad no es lo bastante alta como para que sonrían
complacidos.
Immanuel
Wallerstein (15 de julio
de 2003).
© Immanuel Wallerstein 1998, 1999, 2000, 2001.
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Translated
for RED VASCA ROJA by Juan Mª de Madariaga.
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