Fernand Braudel Center, Binghamton University
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Comentario Nº 119, 15 de agosto de 2003
Anglicanos, Norte y
Sur
Los debates sobre la
consagración de obispos anglicanos raramente despiertan el interés de quienes
no son anglicanos. Pero esta vez, el debate en torno a si Canon V. Gene
Robinson, sacerdote declaradamente gay, debía convertirse o no en obispo de New
Hampshire de la Iglesia Episcopaliana, ha ocupado este mes las portadas de los
periódicos en Estados Unidos y ha tenido repercusiones en todo el mundo. Cuando
el nombramiento fue aprobado por una mayoría de los obispos y delegados laicos
de la Iglesia Episcopaliana estadounidense, el arzobispo de Canterbury, Rowan
Williams, se sintió obligado a convocar a una reunión especial de los primados
de las Iglesias anglicanas de todo el mundo para considerar las eventuales
consecuencias.
Para quienes votaron en
favor de Robinson, la cuestión era muy simple. Era la forma que tenía Dios de
hacer a la Iglesia más inclusiva. Hoy día, a diferencia de anteriores
generaciones, la gente entiende que la inclusión significa la aceptación de
gays y lesbianas, que practican una forma alternativa de amor humano, y que por
tanto la sexualidad de un sacerdote era algo irrelevante para su consagración
como obispo. A quienes se oponen a esa idea les parece claro que las Escrituras
indican que la homosexualidad es un pecado, y que por tanto es inconcebible que
alguien que lo había cometido sin arrepentirse pudiera ser consagrado como
obispo de la Iglesia.
No me propongo entrar
aquí en el debate teológico, que dejo a los miembros de la comunión anglicana;
pero deberíamos observar que los dos bandos del debate no están aleatoriamente
distribuidos. En las Iglesias anglicanas del Norte (esto es, en Estados Unidos,
Gran Bretaña, Canadá, Australia y Nueva Zelanda), existe una división entre los
partidarios de la inclusividad (que parecen ser hoy día la mayoría) y un grupo
más pequeño pero muy fuerte de los llamados "conservadores", que se
oponen enérgicamente a esas novedades. En cambio, las comuniones anglicanas del
Sur (América Latina, África y Asia) parecen decantarse muy claramente en favor
de los "conservadores", con la única excepción de Sudáfrica. El
arzobispo de Nigeria, Peter Akinola, ha amenazado abiertamente con romper la
comunión con cualquier iglesia anglicana que tolere la homosexualidad. Y es esa
amenaza y otras similares lo que ha llevado al arzobispo de Canterbury a
convocar la mencionada reunión, para tratar de evitar una posible escisión
formal en la comunión anglicana.
Deberíamos preguntarnos
a qué se debe esa diferencia de actitud según la localización geográfica,
cuáles son sus raíces, y qué augura para el futuro. De todas las religiones del
mundo, sólo entre los cristianos existe hoy día cierto equilibrio numérico
entre los miembros del Norte y los del Sur. Eso se debe sin duda a la
colonización europea del sistema-mundo durante los últimos cinco siglos, pero
aun así constituye una realidad social del siglo XXI. En el caso de la versión
anglicana del cristianismo, casi todos sus miembros se encuentran en lo que en
otro tiempo fue el imperio británico, el más extenso geográficamente de todos
los imperios europeos.
En el Norte, la
división entre los anglicanos con respecto a esa cuestión es ya una vieja
historia. Desde hace varios siglos, algunos cristianos de distintas iglesias
han luchado por una concepción más "moderna" de la fe y de la moral. En
la segunda mitad del siglo XX, las principales discusiones han girado en torno
al género y la sexualidad: el celibato, el papel de las mujeres en la iglesia,
su acceso al sacerdocio, y más recientemente la homosexualidad. Durante el
pasado siglo, casi todas las iglesias cristianas del Norte han visto decrecer
el número de sus miembros, o al menos de la participación activa de éstos. Pese
a esa erosión, la mayoría de los que permanecían activos han tratado de
introducir nuevas interpretaciones de la fe y la moral en su práctica. El siglo
XIX fue testigo del desarrollo de un vasto movimiento conocido como
"protestantismo liberal", y el papa Juan XXIII impulsó un
"aggiornamento" (una puesta al día) de la Iglesia católica romana en
el concilio Vaticano II (por supuesto, también en otras religiones del mundo se
han visto tendencias similares).
Frente a tales
revisiones de la teología y la práctica se ha producido una reacción, bajo la
forma de movimientos evangélicos o la insistencia en un regreso a la
"ortodoxia". En muchos casos esos grupos disidentes han creado sus
propias instituciones religiosas, pero la mayoría han permanecido dentro de la
"corriente principal" de las iglesias cristianas y han seguido
luchando desde dentro. Los "conservadores" anglicanos son por tanto
simplemente una variante de una corriente muy común, aunque (en muchas Iglesias
y muchos países) sea minoritaria. ¿Pero por qué ha quedado en minoría la
opinión "conservadora" en tantas Iglesias cristianas en el Norte? La
respuesta se halla sin duda en impacto conjunto de la modernidad laica y la
riqueza. Los reformistas de las distintas Iglesias piensan que están tratando
de conseguir que el cristianismo se adapte al mundo moderno y sobreviva en él. Los
conservadores piensan que los reformistas están diluyendo el cristianismo, e
incluso ofendiéndolo gravemente.
La cuestión parece algo
diferente en el Sur. ¿Quiénes son los miembros activos de las Iglesias
cristianas del Sur? En Asia y África son en su mayor parte conversos o
descendientes de conversos que entienden el cristianismo a la vieja usanza,
como rechazo del "paganismo". El cristianismo al que se convirtieron
era el de los misioneros, que tenía poco que ver con el modernismo
secularizante. Para esos cristianos, su vida religiosa es una lucha constante
contra prácticas paganas, y ven decisiones como la que afecta a Canon Robinson
como una traición a su lucha. Eso se ve reforzado por un nacionalismo de
reciente cuño, que les hace pensar que las Iglesias del Norte los tratan con
altanería, diciéndoles que algún día (cuando estén más
"desarrollados"), "comprenderán" la prudencia de la nueva
inclusividad.
Hay, por último, un
tercer factor: En el Norte, los miembros de la corriente dominante de las
Iglesias cristianas (particularmente en el caso de la anglicana) provienen en
su mayor parte de la elite económica, política y social. Esa gente se siente
segura de sí misma. Son gente "respetable" con una gran necesidad de
ser amables y condescendientes con otros cristianos. En Asia y África los
cristianos son frecuentemente una minoría en países con mayorías musulmanas,
budistas o hindúes, o donde la mayoría de la población practica de facto
religiones locales. Las Iglesias cristianas se encuentran a la defensiva, y sus
miembros están quizá menos seguros de sí mismos. Mientras que los cristianos
del Norte pueden temer que crezca el retraimiento secularizante, los cristianos
del Sur pueden temer la intrusión de otros movimientos religiosos más
"tradicionales" en sus prácticas sociales.
La situación es
ligeramente diferente en América Latina, donde las iglesias protestantes
minoritarias se han implantado haciendo proselitismo entre los descontentos de
la Iglesia católica con proclamaciones de Reforma y de rechazo a los poderosos
y a los ricos cuyos múltiples santos no son sino "ídolos". Pero
también ahí las reformas defendidas en las Iglesias protestantes del Norte
parecen al mismo tiempo ajenas a sus necesidades y una traición a sus luchas
religiosas. Sudáfrica por último, es un caso muy especial en el Sur, en el que
una lucha multinacional contra el régimen del apartheid basado en una
versión muy conservadora del protestantismo, alentó una apertura al reformismo
religioso que no existe en casi ningún otro país del Sur.
Puede muy bien haber
una escisión en la comunión anglicana; pero incluso si no la hay, seguirá
habiendo una tensión continua, probablemente un desequilibrio geográfico
prolongado. Eso puede estar ocurriendo también en la Iglesia católica romana. ¿Qué
nos augura eso para el futuro? ¿Evolucionarán las iglesias del Sur en la misma
dirección que las del Norte, como esperan y desean los reformadores? Es muy
posible que no sea así. De hecho, la misma división se puede constatar en el
norte, donde los grupos blancos tradicionalmente dominantes
son mucho más abiertos al "reformismo" en las costumbres que los
miembros de Iglesias insertas en comunidades "minoritarias".
Lo que todo eso
demuestra es que el "reformismo" en cuestiones de sexualidad y la
"política identitaria" entre los menos poderosos no son en absoluto
doctrinas que necesariamente tiendan a unir a ambos grupos. Y si se extrapola
esto a otras cuestiones, se puede ver que quienes, hablando en general, son, o
podrían ser, parte del campo de Porto Alegre, tendrán todavía que recorrer
cierto camino antes de que puedan entenderse y acomodarse a las necesidades del
otro.
Immanuel Wallerstein (15 de agosto de 2003).
© Immanuel Wallerstein 1998, 1999, 2000, 2001.
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VASCA ROJA by Juan Mª de Madariaga.
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