Fernand Braudel Center, Binghamton University
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Comentario
Nº 131, 15 de febrero de 2004
"El
«presidente de guerra» se hunde en el lodazal"
El 8 de
febrero de 2004 George W. Bush le dijo a Tim Russert en el Encuentro con la
Prensa de la NBC: "Soy un presidente de guerra". Esa afirmación
no hace más que debilitar su posición. Su antiguo secretario del Tesoro, Paul O'Neill,
ha testificado que la guerra contra Iraq formaba parte de la agenda del
gobierno desde el día en que Bush entró en funciones. Así pues, no fue el 11 de
Septiembre lo que le impulsó a seguir esa vía. Y habiendo dicho al pueblo
estadounidense y al mundo, no una vez sino muchas, que las armas de destrucción
masiva de Saddam Hussein suponían una amenaza inminente para Estados Unidos y
el mundo, Bush ha tenido que oír cómo la persona que él mismo había escogido
para presidir el Grupo de Supervisión sobre Iraq, David Kay, encargado de
encontrar las armas de Saddam Hussein, testificaba ante el Congreso
estadounidense que no había podido encontrar ninguna y que ahora creía que
Saddam Hussein había renunciado a ellas ya en 1991.
La
aceptación de Bush en las encuestas cayó inmediatamente, y hasta comentaristas
muy conservadores se han sentido muy molestos por las revelaciones de Kay y por
el hecho de que Estados Unidos fuera a la guerra con falsas excusas. Ahora
todos quieren saber cómo es que se equivocó la inteligencia estadounidense,
como si ése fuera el problema. Está claro que sus datos, que ya eran erróneos,
fueron exagerados por la administración Bush para satisfacer sus objetivos
premeditados. Y no es cierto que todo el mundo estuviera equivocado. Después de
todo, hubo antes voces muy claras –las del director general de la Asociación
Internacional de Energía Atómica [Mohammed El-Baradey], Scott Ritter y otros–
que dijeron que no había pruebas de que existieran esas armas.
Bush está a
la defensiva. La camarilla que lo rodea ofrece diferentes historias. Colin
Powell no está seguro ahora de que hubiera tales armas, como el propio Bush. Cheney
y Rumsfeld siguen diciendo que esperan encontrarlas. Pero no importa. La excusa
ha cambiado. Bush nos dice ahora que Saddam Hussein tenía "la capacidad de
producir armas". Además "era un tipo peligroso", y "éste es
un mundo peligroso". Saddam Hussein es/era un "loco" que podía
quizá fabricar un arma y "luego dejar que ese arma cayera en manos de una
tenebrosa red terrorista". Además, "cuando Estados Unidos dice que
habrá serias consecuencias, si no hay serias consecuencias, se crean adversas
consecuencias". Finalmente, ¿quién sabe?, podría haber fabricado un arma
nuclear y entonces Estados Unidos "se habría visto sometido a un
chantaje".
Todo eso se
ha convertido en una explicación tan pobre que Estados Unidos ha perdido hoy
día toda credibilidad, probablemente incluso con Tony Blair, quien por
desgracia no lo admitirá nunca. Entretanto, las cosas no van nada bien en Iraq
para Estados Unidos. Cada semana mueren entre cinco y diez estadounidenses, y
es muy peligroso tratar de incorporarse a la fuerza policial iraquí. Las
mujeres iraquíes temen ahora salir de sus casas debido a las presiones
fundamentalistas. El código iraquí con respecto a las mujeres, que antes era el
más progresista del mundo árabe, acaba de ser abrogado por la autoridad
provisional iraquí sustituyéndolo por la sharia. A Estados Unidos le gustaría
salir cuanto antes del cenagal en el que decía que nunca caería. Le gustaría
devolver la soberanía a un gobierno iraquí el 30 de junio. Le gustaría que las
Naciones Unidas se encargaran de supervisar las negociaciones políticas entre
los iraquíes a partir de junio. Le gustaría que la OTAN asumiera la gestión de
una fuerza de estabilización. No está claro que pueda alcanzar ninguno de esos
deseos.
La
devolución el 30 de junio a los iraquíes está bloqueada en este momento debido
a que los chiíes insisten en la celebración de elecciones (lo de la democracia,
¿recuerdan?), que ellos ganarían sin duda. Los kurdos insisten en la
autodeterminación. Y los sunníes insisten en no perderlo todo. Los chiíes y los
kurdos cuentan con unidades militares propias, y los sunníes están sin duda a
punto de crear una. Estados Unidos ha aparecido de repente con un documento que
muestra que ese conflicto étnico es un complot de Al Qaeda. La verdad es que
sería un milagro si después de junio no se produce una guerra civil bastante
desagradable. Si Estados Unidos cree que Kofi
Annan y la OTAN quieren verse atrapados en semejante avispero, haría
mejor en pensárselo dos veces. El principal periódico suizo, Neue Zürcher
Zeitung, que difícilmente se puede conceptuar como hostil a Estados Unidos,
acaba de publicar una viñeta que muestra una hormigonera con el letrero
"reconstrucción de Iraq" descargando su contenido sobre George W.
Bush con uniforme militar y medio enterrado ya en el hormigón. A su alrededor
hay estupefactos espectadores con las etiquetas ONU y Europa, a los que Bush
dice con cierta desesperación: "Bueno, si realmente insisten en echarme
una mano..."
El problema
es que George Bush no tiene adónde ir. Tiene pronto unas difíciles elecciones,
y mucho que explicar sobre lo que hacía durante la guerra de Vietnam. Puede
cacarear cuanto quiera vociferando que la proliferación nuclear es un peligro
tan grande que todos deberían dejar de utilizar el combustible nuclear incluso
para aplicaciones pacíficas o afrontar las consecuencias. Al mismo tiempo
propone expandir la capacidad bélica nuclear de Estados Unidos, lo que sin duda
animará a muchos países a abandonar precipitadamente la producción de
combustible nuclear.
Y luego está
la pequeña cuestión de la fosa económica que está excavando para Estados
Unidos. Si se devuelve la mayor parte de los impuestos y se expanden
poderosamente los gastos de guerra, nadie podrá extrañarse de que el déficit
cobre proporciones astronómicas. Bush está alarmando tremendamente a los
capitalistas serios del mundo. Hasta sus conservadores ultraderechistas del Congreso
amenazan con abstenerse en las próximas elecciones debido al imparable aumento
del déficit.
Bush nos
dejó un último consuelo en esa entrevista con Tim Russert en la NBC. Dijo que
"un Iraq libre cambiará el mundo". Por mi parte espero que un Iraq libre,
si es que los iraquíes y nosotros llegamos a verlo alguna vez, pueda llegar a
cambiar incluso a Estados Unidos. ¿Quién sabe? Puede que ése sea el legado de
Bush.
Immanuel
Wallerstein
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