Fernand Braudel Center, Binghamton University
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Commentario 135, 15 de abril de 2004
EU está perdiendo
la guerra
El
desafío a la ocupación estadunidense de Irak se volvió de pronto muy serio.
¿Puede Estados Unidos prevalecer en allí? Por primera vez los medios y los
políticos de todo el mundo y de Estados Unidos toman la cuestión en serio. De
pronto la discusión ya tampoco se centra en si Estados Unidos le traerá
"democracia" a Irak, porque la cuestión dio la vuelta: qué puede
hacer para evitar que la situación sea un fiasco propio: "otro
Vietnam" es la frase que comienza a repetirse.
Los
aspectos negativos se apilan. Una guerra de guerrillas, ciertamente de bajo
perfil pero continua, crece en las áreas centrales del país con población
sunita, y a la semana mueren entre tres y siete estadunidenses. Después de que
la guerrilla emboscó, mató, mutiló y arrastró por las calles de Fallujah a
cuatro soldados, los marines
decidieron emprender contrataques de más envergadura. La considerable potencia
de fuego empleada, incluido el ataque a una mezquita, ocasionó la muerte de
cientos de iraquíes, verdadera carnicería de acuerdo al número de habitantes
(sin que por eso, hasta ahora, hayan logrado tomar la ciudad las fuerzas
estadunidenses). La desproporcionada respuesta de los soldados de ocupación
logró ya que incluso los simpatizantes más cercanos, como Adnan Pachachi
-antiguo ministro de Relaciones Exteriores de Irak, miembro del consejo de gobierno
iraquí y uno de los que más han respaldado a Estados Unidos-, denuncien el
ataque militar estadunidense a Fallujah como algo "totalmente inaceptable
e ilegal", una forma de "castigo colectivo".
Entre
tanto, Estados Unidos decidió que era el momento de desafiar abiertamente a
Moqtada al Sadr, el joven radical chiíta más irremisiblemente hostil a la
ocupación estadunidense. Lo que se logró con eso fue agitar el avispero, pues
la gente de Al Sadr ocupó la ciudad santa de Najaf y otras urbes. Por el momento,
Estados Unidos no se ha atrevido a intentar tomar Najaf. Es más, Estados Unidos
produjo una delicada situación para Alí al Sistani, el más poderoso y moderado
gran ayatola, cuyos seguidores se sienten atraídos ahora a militar con Al Sadr,
especialmente después de las acciones estadunidenses. Al Sistani se mueve ahora
con mucha cautela, con de-masiada, dirá Estados Unidos.
Y por
todas partes, la escisión chiíta-sunita comienza a pasar a segundo plano
mientras emerge con fuerza un patriotismo iraquí. Inclusive los kurdos hablan
ya de esta manera. Así, lo que comenzó como acciones guerrilleras aisladas
comienza a ser una resistencia, lo que hace una real diferencia. Las fuerzas de
la resistencia no sólo mantienen bajo control algunas ciudades, sino que cortaron
el camino entre Am-mán (en Jordania) y Bagdad, lo que amenaza las líneas de
abastecimiento.
Además,
varios grupos han emprendido el secuestro de los no iraquíes, como medida de
presión significativa para los otros países que han enviado tropas o pertrechos
como parte de la coalición encabezada
por Estados Unidos. El apoyo popular en esos países había sido débil, desde el
principio. Pero desde antes de la anterior escalada, el respaldo interno a esos
gobiernos comenzó a erosionarse más. Ahora Estados Unidos tiene que invertir
mucha de su energía diplomática en persuadir a sus socios de la coalición para
que no retiren sus tropas, o para que envíen remplazos por las que ya se
fueron. El barco hace agua, cuando Estados Unidos requiere de más tropas, no de
menos.
Por
supuesto que Estados Unidos puede enviar más tropas por sí mismo, aunque no
tantas, a menos que reinstaure el reclutamiento, algo que sería la ruina
política del gobierno de George W. Bush. Algunos políticos claman con fuerza
pidiendo más tropas, ya. Pero otros, tal vez no con tal volumen, hablan de la
posibilidad de una retirada unilateral. A Bush no le gustaría ninguna de estas
opciones, y confía en que la discusión amaine. Pero eso es casi imposible, pues
el manejo de "la amenaza terrorista" por su parte, antes y después
del 11 de septiembre de 2001, es ahora motivo de un debate nacional televisivo,
bastante apasionado.
Muchos
dirigentes políticos estadunidenses y de otros países dicen querer que Naciones
Unidas y/o la OTAN asuman un papel mayor en el asunto. Pero aunque la
dirigencia estadunidense repite este mantra (uno difícil de tragar, pues
menosprecian a Naciones Unidas y a la OTAN), son re-nuentes al buscar la
aprobación de las resoluciones necesarias. Esto es así pues no es claro el panorama.
El precio
de resolutivos así es alto: ceder mucho control en Irak. Y el gobierno
estadunidense no está preparado, aún, para asumir algo así. De manera que busca
lo que siempre ha querido: apoyo sustantivo de todos en los términos fijados
por Estados Unidos. Pero Naciones Unidas y la OTAN tampoco están dispuestos;
inclusive el consejo de gobierno iraquí, designado por Washington, se ha vuelto
recalcitrante.
Las
elecciones en Estados Unidos se aproximan, y la situación empeora. También se
acerca la fecha mágica -el 30 de junio-, cuando Estados Unidos prometió
devolverle la soberanía a los iraquíes. Y no parece haber un plan claro acerca
de lo que hay que hacer, ni siquiera ahora. Estados Unidos reza (y quiero decir
reza) por que de alguna manera Lakdhar Brahimi use todo su encanto e
inteligencia para lograr que los iraquíes (todos ellos) acuerden fórmulas
aceptables. Esto es un brinco muy largo. Y aun si se hallara la fórmula,
¿tendrá un nuevo Estado soberano iraquí la fuerza militar suficiente para controlar
la situación? Es muy difícil entender cómo. Porque si las tropas estadunidenses
siguen dominando el escenario después del primero de julio, el poder soberano
iraquí que resulte aparecerá ante el pueblo iraquí co-mo un títere incapaz, y
las bajas estadunidenses seguirán creciendo.
Qué puede
ocurrir. Si alguien en el ban-do estadunidense tuviera un plan claro, pero ya,
eso podría estabilizar la situación. Pero de Dick Cheney a Donald Rumsfeld, de
Paul Bremer al general Abizaid, todos parecen jefes enloquecidos vagando en la
niebla. En cuanto a los demócratas, todavía no deciden si denuncian al gobierno
de Bush por iniciar la guerra o por no poder ganarla. En cualquier caso, a lo
más que llega John Kerry es a revirarle el desbarajuste a Naciones Unidas (y
tal vez a la OTAN). En resumen, el mismo mantra.
Hay un
proverbio antiguo que dice que cuando está uno en un hoyo profundo, lo primero
que hay que hacer es dejar de escarbar. Para dejar de cavar, sin embargo, la
gente debe admitir lo malo de haberse metido en el agujero, para empezar. Si no
lo malo en términos morales, por lo menos en términos políticos. Francamente no
veo que nadie en Washington esté dispuesto a admitir nada. Así que es fácil
predecir que Estados Unidos seguirá cavando.
Llegará
el día, más pronto de lo que Estados Unidos supone, que tendrá que tomar la
decisión de salir de Irak. Vale la pena recordar que, cuando Estados Unidos
evacuó Saigón, en 1973, su enemigo estaba unificado y tenía fuertes controles
sobre su propio bando. El Vietcong ordenó a sus soldados no disparar contra
ningún helicóptero vulnerable que estuviera partiendo. El Vietcong estaba en
posición de establecer, al instante, un orden en Vietnam. En Irak, no hay un
Vietcong. Los iraquíes bien pueden dispararle a los helicópteros que se
retiran.
Nadie en
realidad se prepara en Estados Unidos para la era posterior a Irak, una que sin
duda dejará residuos muy amargos. En la guerra interna estadunidense de mutuas
recriminaciones, que ya se ve venir, es du-doso que alguien, de cualquier
bando, tenga algo bueno que decir de Bush.
©
Immanuel Wallerstein
Traducción:
Ramón Vera Herrera
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Estos Comentarios se
pulbican dos veces al mes y tienen la intencion de ofrecer una reflexion sobre
la coyunturamundial, con una perspectiva al largo plazo.
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