Fernand Braudel Center, Binghamton University
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Commentario 136, May 1, 2004
¿Retirada estadunidense?
A
principios de 2003, el gran debate en todo el mundo giraba en torno a si Estados
Unidos debía entrar en Irak. Ahora este debate cuestiona si Estados Unidos debe
retirarse de Irak. La ocupación no ha sido, para nada, lo que las autoridades
estadunidenses pensaban y esperaban. La resistencia armada prolifera. Las
fuerzas de la ocupación se reducen. Los opositores iraquíes son más, y
manifiestan mayor hostilidad hacia Estados Unidos y a todos aquellos que lo
respalden. Aun hacia el consejo de gobierno iraquí que Estados Unidos instaló
para que fungiera de aliado fiel.
Los
elementos centristas, lo que se conoce como establishment en Estados
Unidos, que apoyan las decisiones de su presidente, y en el Congreso si hubiera
alguna votación, se han vuelto ahora muy quisquillosos, y ya no saben qué
postura asumir. Un lugar común es decir que, aunque se hubiera justificado
invadir Irak (la justificación más aceptable para ese grupo era derrocar a
Saddam Hussein), la guerra se conduce mal. Estados Unidos la emprendió con un
ejército muy pequeño. No pudo hacer lo necesario para “ganar los corazones y
las mentes” del pueblo iraquí. El gobierno no planeó más allá del periodo de
Saddam y ha cometido graves errores.
No se
trata de una posición de gran disentimiento respecto de la del gobierno de
Bush. La obvia conclusión de estas críticas es pedir más fuerza militar sobre
Irak, gastar más dinero en la reconstrucción, revivir el reclutamiento. Esta es
la posición de los críticos republicanos, como los senadores McCain y Hagel.
Los
dirigentes demócratas –el más notable es el senador Kerry– van un paso más
allá. Dicen que Estados Unidos debe “hacer un llamado” a Naciones Unidas y a la
OTAN, algo que, dicen ellos, Bush debió hacer desde el principio. El hecho es
que ni Naciones Unidas ni la OTAN están listas para responder al llamado de
Estados Unidos: la zona de desastre creada no se menciona. Pero esta gente
tiene un argumento más, el cual fue enunciado muy claramente en el editorial
del New York Times del 25 de abril.
Dicho
texto expresa que fue un error invadir Irak sin un amplio respaldo internacional,
y que desde entonces a la fecha no ha habido muchos indicios de que instaurar
una democracia estable, según la noción de George Bush, sea algo más que un
sueño. Pero “abandonar” Irak ahora crearía una situación tan horrorífica que
Estados Unidos está obligado a presionar en tanto haya alguna esperanza de
avanzar... “No es éste el momento de retirarse y ciertamente no es el momento
de tomar medidas a medias.”
No
obstante, es claro ya que en la batalla de Fallujah y en el sitio de Najaf, a
cargo de las fuerzas armadas estadunidenses, las medidas a medias pueden ser la
única opción realista. Las medidas “a fondo” prometen acarrear mayores
desastres para Estados Unidos.
En
realidad, ¿qué pasaría si Estados Unidos se retirara? Primero, necesitamos
averiguar que significa “retirarse”: todas las tropas o unas cuantas; de
inmediato, pronto, o “cuando la situación se estabilice”. Hoy queda claro que
no hay gobierno central en Irak, y no hay ejército (dado que Estados Unidos
desbandó el único que aquel país tenía). Casi no hay fuerzas policiacas. El
representante de Naciones Unidas, Lakdhar Brahimi, dice que confía en lograr
acuerdos encaminados a formar un nuevo gobierno central para fines de mayo, el
cual será un gobierno “interino” de “expertos” hasta la celebración de las
elecciones, que se proyectan hacia enero de 2005.
Entre
tanto, el procónsul estadunidense, Paul Bremer, dice que espera reconstituir un
ejército iraquí, contratando algunos de los viejos generales que sólo
“nominalmente” eran miembros del partido Baaz. Tal medida es rechazada
rotundamente por el antiguo favorito del Pentágono, Ahmed Chalibi, quien quedó
a cargo de la desbaazificación de Irak. Chalibi, quien no pudo demostrar que
contaba con apoyo popular alguno en Irak, se opone también al plan de Brahimi,
que lo eliminaría (junto con su partido) del gobierno, y es probable que de
manera permanente.
Así que
tal vez haya ejército de algún tipo para enero de 2005. También están las
“milicias” de variada importancia: al menos dos son kurdas, otras dos son
chiítas y probablemente una más pueda constituirse con facilidad en las áreas
sunitas. Esta situación es fuente de frecuentes discusiones, pues se alega que
si Irak se quedara solo caería fácilmente en una guerra civil. Tal probabilidad
era más cercana hace tres meses. La incompetencia estadunidense ha creado
vínculos nacionalistas entre las facciones rivales. Y las acciones militares
estadunidenses en Fallujah y Najaf pueden sellar una nueva unidad, o por lo
menos algo que tenga la fuerza suficiente para reducir radicalmente la
probabilidad de una situación parecida a lo que ocurrida en Bosnia durante los
noventa.
Hace poco
nos enteramos, en el libro de Bob Woodward, de que cuando estaban por decidir
la invasión, Colin Powell le recordó a George W. Bush la teoría de la
intervención en zonas extranjeras conocida como “teoría de la tienda de
antigüedades”: si lo rompes, es tuyo. Es lo mismo que dice el New York Times:
“Estados Unidos está obligado a presionar”. ¿Obligado? Legalmente, de seguro,
no. ¿Moralmente? Veamos más de cerca.
Si uno
lastima a alguien y complica su situación, ¿debe quedarse a ofrecer ayuda?
Bueno, sÌ, si eso fuera un remedio, y si fuera bien recibido por la persona a
la que uno trata de ayudar. Pero claro que no si uno empeorara la situación. En
lo personal, no creo que Bremer más el general Abizaid estén remediando nada.
La situación empeora constantemente. Y lo que más vociferan los iraquíes,
incluso los que en un principio eran amigables con los invasores, es que
Estados Unidos está ocasionando grandes daños a Irak, y todo parece indicar que
ocasionará más aún.
La razón
es simple. Hay muy poco que Estados Unidos pueda hacer para llevar orden y
estabilidad a Irak, no se diga la llamada democracia que Estados Unidos alega
que desea imponer.
Los
iraquíes tienen dos quejas principales acerca de las fuerzas de ocupación
estadunidenses. Están hiriendo (y matando) a muchas personas que no son
combatientes, con tal de salvar la vida de los soldados estadunidenses y
supuestamente restablecer el orden. Pero la queja más importante es que los
iraquíes no están convencidos de que Estados Unidos tenga intención alguna de
marcharse. Y tienen buenas razones para dudarlo, puesto que los funcionarios
del gobierno de Bush se la pasan diciéndolo ya desde hace rato. Estados Unidos
construye bases militares permanentes en Irak.
Se
insiste en que la “soberanía” que se restablecer en Irak a partir del 30 de
junio es “parcial”. La soberanía es como la virginidad: se tiene o no la
tiene. No hay medias tintas. Si las fuerzas armadas estadunidenses pueden
actuar como les plazca después del 30 de junio, el país no será soberano. Si el
gobierno no puede hacer leyes sin consultarlas con Washington, el país no será
soberano: será una colonia.
Entonces,
¿qué puede hacer Estados Unidos? Dado que por el momento no hay gobierno
central ni ejército, supongo que una retirada estadunidense instantánea traería
de hecho consecuencias caóticas. Pero Washington podría comprometerse ahora a
devolver la soberanía total a un gobierno interino para el 30 de junio (que
sujetaría a los militares estadunidenses a las decisiones de ese gobierno).
Podría permitir, de inmediato, la reconstitución del ejército iraquí. Y podría
comprometerse a una retirada general, digamos, para enero del 2005. Sobre todo,
podría renunciar a todas las aspiraciones de contar con bases en Irak en el
futuro.
Tales
acciones ¿implican riesgos desde el estrecho punto de vista estadunidense? Por
supuesto, los tiene. Pero éste es el cul-de-sac en que el gobierno de Bush puso
a Estados Unidos, y será la mejor manera de cortar las pérdidas estadunidenses,
si no es que la única.
¿Será
amigable con Estados Unidos el nuevo gobierno de Irak? Es muy posible que no.
Washington no se ha dado cuenta de lo bueno que era contar con un Saddam
Hussein virtualmente desdentado en el poder. Pero cuando uno comete un error
realmente mayúsculo, lo mejor es admitirlo y retomar la vida desde ahí. ¿Lo
hará George W. Bush? Es
casi seguro que no. ¿Lo hará John F. Kerry? Tal vez, pero no es nada seguro.
©Immanuel Wallerstein
Todos los derechos reservados
Traducción: Ramón Vera Herrera
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Estos Comentarios se
pulbican dos veces al mes y tienen la intencion de ofrecer una reflexion sobre
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