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Comentario Nº 86, 1 de abril de 2002
Iraq: Cómo se
hunden las Grandes Potencias
George W. Bush es un
incompetente desde el punto de vista geopolítico: ha permitido que una
camarilla de halcones le indujera a adoptar una decisión, la invasión de Iraq,
de la que no puede desdecirse y que tendrá consecuencias negativas para todos
pero en primer lugar para Estados Unidos. De ahí saldrá malherido
políticamente, quizá sin remedio. Va a debilitar con rapidez el poder ya
declinante de Estados Unidos en el mundo y contribuirá dramáticamente a la
destrucción del estado de Israel alentando la locura suicida de los halcones
israelíes. Por supuesto, habrá muchas personas en el mundo que se alegren de
esas consecuencias negativas; el problema es que, en ese proceso, Bush va a
llevar a cabo una guerra que destruirá muchas vidas inmediatamente y conducirá
a un grado de turbulencia en el mundo árabe-islámico de un tipo y a un nivel
ha! sta ahora no imaginado, y quizá desencadene el uso de armas nucleares, tras
lo cual será difícil considerar ilegítimo su uso. ¿Cómo nos hemos metido en ese
callejón sin salida?
Parece razonablemente
seguro que una acción militar contra Iraq ya no es una cuestión de quizá sino
de cuándo. ¿Por qué está sucediendo eso? Si se pregunta al portavoz del
gobierno estadounidense, la razón es que Iraq ha venido desafiando las
resoluciones de Naciones Unidas y representa un peligro inminente para el mundo
en general, y quizá para Estados Unidos en particular.
La explicación de la
esperada acción militar es tan poco convincente que no se puede tomar en serio.
Desafiar las resoluciones de la ONU u otros mandatos internacionales ha sido
algo casi cotidiano durante los últimos 50 años. No necesito recordar a nadie
que Estados Unidos se negó a comparecer ante un tribunal internacional sobre
Nicaragua que condenó su intervención en ese país. Y el presidente Bush ha
dejado suficientemente claro que no respetará ningún tratado que considere
dañino para los intereses nacionales estadounidenses. Israel también ha venido
desafiando las resoluciones de Naciones Unidas durante más de treinta años, y
lo está haciendo de nuevo cuando escribo este comentario; y el expediente de
otros miembros de Naciones Unidas no es mucho mejor. Así pues, si Saddam
Hussein ha desafiado resoluciones muy explícitas de la ONU, ¿! que hay de nuevo
en ello?
¿Es Saddam Hussein una
amenaza inminente para alguien? En agosto de 1990, Iraq invadió Kuwait. Esa
acción, al menos, significaba una amenaza inminente. La respuesta fue la
llamada guerra del Golfo Pérsico. En esa guerra, Estados Unidos desalojó a los
iraquíes de Kuwait y decidió contentarse con eso; Saddam Hussein permaneció en
el poder. La ONU aprobó varias resoluciones exigiendo a Iraq el abandono de
armas nucleares, químicas y bacteriológicas y designó equipos de inspección para
verificarlo. La ONU también embargó a Iraq en varios ámbitos. Por lo que
sabemos, en la década que ha pasado desde entonces, la situación de facto ha
cambiado, y el sistema de restricciones sobre Iraq establecido por esas
resoluciones de la ONU se ha debilitado considerablemente, aunque no del todo.
El 28 de marzo de 2002
Iraq y Kuwait han firmado un acuerdo en el que Iraq se compromete a respetar la
soberanía de Kuwait. El ministro de asuntos exteriores de Kuwait, Sabah
al-Ahmad Al-Sabah, ha afirmado que su país está ahora "100%
satisfecho". Al preguntarle un periodista si Kuwait estaba satisfecho con
todas y cada una de las cláusulas del acuerdo, respondió: "las he escrito
yo mismo". El portavoz de Estados Unidos, sin embargo, se mostró
escéptico. Estados Unidos no va a desviarse de su camino simplemente porque
Kuwait quede "satisfecho". ¿Quién es Kuwait para participar en tal
decisión?
Los halcones
estadounidenses creen, como he escrito en otros comentarios anteriores, que
sólo el uso de la fuerza, de una fuerza muy significativa, restaurará
incuestionablemente la hegemonía de Estados Unidos en el sistema-mundo. Es sin
duda correcto que el uso de una fuerza abrumadora sirve para establecer la
hegemonía. Eso ocurrió en 1945, y Estados Unidos se convirtió en la potencia
hegemónica. Pero el uso de esa fuerza cuando las condiciones de la hegemonía se
han visto ya socavadas es un signo de debilidad más que de fuerza, y debilita a
quien la emplea. Está claro que, en este momento, nadie apoya la invasión estadounidense
de Iraq: ni un solo Estado árabe, ni Turquía, Irán o Pakistán, ni una sola
potencia europea.
Hay no obstante una
excepción notable: Gran Bretaña, o más bien Tony Blair. Sin embargo, éste se
encuentra con dos importantes problemas: Hay una incipiente revuelta en el
partido laborista, y lo que es más importante, The Observer informaba el
17 de marzo de que "Los dirigentes militares británicos han advertido muy
seriamente a Tony Blair la pasada noche en el sentido de que cualquier guerra
contra Iraq está condenada a fracasar y conducirá a la pérdida de vidas a
cambio de pocos beneficios políticos". No puedo creer que los líderes
militares estadounidenses estén haciendo realmente una valoración distinta,
aunque quizá no se atrevan a decírselo así al presidente Bush. Kenneth Pollack,
el entendido sobre Iraq en el Consejo de Seguridad de Clinton, dice que habrá
que enviar entre 200 y 300.000 soldados estadounidenses, presumibleme! nte
desde las bases en Arabia Saudí y Kuwait, y algunos más para defender a los
kurdos en el norte de Iraq. Esos soldados llegarán presumiblemente desde o a
través de Turquía.
Estados Unidos parece
contar con intimidar a todos sus "aliados" para seguir en esa vía. Tras
la ocupación de Ramallah por Sharon, la remota esperanza de que las bases
saudíes (o al menos las kuwaitíes) estén disponibles probablemente ha
desaparecido. Es evidente que Turquía no quiere defender a los kurdos iraquíes,
ya que la consecuencia principal sería reforzar al movimiento kurdo en Turquía,
algo contra lo que el gobierno turco centra todos sus esfuerzos. En cuanto a
Israel, Sharon parece resuelto a llevar a cabo tan rápidamente como sea posible
la recuperación de Cisjordania y Gaza y la destrucción de la autoridad
palestina, y Bush le apoya en un 99%.
Si es así, habrá
efectivamente una invasión, que será difícil si no imposible de ganar, se
perderán muchas vidas (en particular vidas estadounidenses), y finalmente una
casi-retirada de Estados Unidos. Un segundo Vietnam. ¿Es que en la
Administración Bush nadie puede ver eso? Quizá algunos, pero no cuentan. ¿Por
qué? Porque Bush se ha metido él mismo en un dilema insoluble. Si sigue
adelante con la invasión de Iraq se hundirá, como Lyndon Johnson, o será
humillado como Richard Nixon. Y el fracaso estadounidense dará finalmente a los
europeos valor para ser europeos y no atlánticos. Así pues, ¿por qué hacerlo? Porque
Bush prometió a la población estadounidense "una guerra contra el
terrorismo que ciertamente ganaremos".
Hasta ahora, todo lo
que ha conseguido es la derrota de los talibanes. No ha capturado a Ben Laden. Pakistán
está convulso. Arabia Saudí se está echando atrás. Si no invade Iraq, caerá en
el ridículo en lo que más le importa, a ojos de los votantes estadounidenses. Y
eso es lo que se le están diciendo, en términos más que indudables, sus
consejeros en política interior. El respaldo increíblemente alto de Bush es el
de un "presidente de guerra". En el momento en que se convierta en un
presidente de paz, se verá en graves problemas, sobre todo a causa de las
promesas de guerra incumplidas.
Así pues, no tiene
elección; invadirá Iraq y todos nosotros pagaremos las consecuencias.
Immanuel Wallerstein
(1 de abril de 2002).
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Estos Comentaraios se
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Translated
for RED VASCA ROJA by Juan Mª de Madariaga.