Fernand Braudel Center, Binghamton University
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Comentario
Nº 95, 15 de agosto de 2002
"Gran
Bretaña y el Sistema-Mundo Moderno"
¿Importa
algo actualmente Gran Bretaña? Hubo un tiempo, no hace tanto, en que era el
imperio en el que no se ponía el sol. Durante la segunda guerra mundial Winston
Churchill dijo que no se había convertido en primer ministro del rey para
presidir la liquidación del imperio británico, pero poco después de ser
apartado desagradecida y poco graciosamente del puesto en 1945 por los
votantes, eso fue precisamente lo que hicieron sus sucesores. Actualmente, el
imperio se ha reducido a unas pocas islas dispersas (y ni siquiera muy
grandes), y (¡qué nostalgia!) la
Comunidad Británica de Naciones ha perdido hasta el adjetivo
"British".
Desde
1945, Gran Bretaña sólo ha tenido dos primeros ministros realmente notables:
La dama de hierro, Margarita Thatcher,
y el campeón de la tercera vía, Toñín Blair. Todos los demás (¿recuerda alguien
sus nombres?) se desvanecieron en la sombra. Ahora bien, Margaret Thatcher,
tengo que admitirlo, valía la pena. ¿Pero qué es exactamente lo que hizo?
Quiere que se la recuerde por haber sido ruda con los sindicatos, pero a los
sindicatos no les ha ido bien en ningún país del mundo occidental desde los
años 60. No se requería la brutal hostilidad de Margaret Thatcher para reducir
su poder. Lo que la historia recordará de ella es haber destruido la
aristocracia tory y haber recuperado las islas Malvinas (una de esas
pocas piezas minúsculas que sobreviven del imperio).
Los tories/conservadores
nacieron como partido en la primera mitad del siglo XIX. Hasta Margaret
Thatcher, dos elementos habían sido decisivos en su historia. Siempre había
dominado en ellos la aristocracia británica; y eran los inventores del
conservadurismo ilustrado. Esto último era una técnica mediante la cual los
conservadores se ponían a la cabeza en la implantación del centrismo liberal y
recogían como fruto una población dócil y el poder político durante casi todo
el tiempo. También consiguieron preservar la atmósfera social más feudal del
mundo moderno. Se pueden ver muchas películas maravillosas que muestran cómo
funcionaba eso culturalmente.
Thatcher
acabó con ambas cosas. Echó del poder hasta al último aristócrata y entregó el
partido a un puñado de gruñones empresarios advenedizos y pseudo-yuppies
ambiciosos. El partido conservador nunca volverá a ser el mismo, ni tampoco lo
será la aristocracia británica. ¡Adiós feudalismo! Y por supuesto, el
conservadurismo ilustrado se transmutado ahora en la tercera vía, sólo que Tony
Blair no es aristócrata y no puede salir airoso.
En
cuanto a las Malvinas, Margarita mostró que era realmente dura. Consiguió
recuperar sus islas (una inversión que le sale bastante cara al contribuyente
británico, y una bendición para los residentes allí) pero de paso, para gran
consternación de Estados Unidos, se llevó por delante a los generales
argentinos (algo por lo que todos deberíamos estarle agradecidos) e introdujo a
Argentina en la vía de la desesperación en la que se encuentra actualmente.
Dado que la desesperación argentina está alimentando una oleada de radicalismo
en toda Sudamérica, la izquierda latinoamericana puede llegar a aclamar algún
día a Margaret Thatcher como su heroína sin tango (para equilibrar a Evita).
Tony
Blair ha hecho con el partido laborista lo que Margaret Thatcher hizo con los
conservadores. Ha liquidado todas las bases tradicionales del poder del partido,
arrojó por la borda todo su programa (incluso en la versión fabiana) y se pegó
como un cachorro zalamero a los Estados Unidos. También es cierto que todos los
primeros ministros británicos desde 1945 se han consolado con la idea de
mantener una "relación especial" con Estados Unidos, pero ninguno ha
sido tan embarazosamente servil como Blair, primero con Clinton y ahora con
Bush. Si Bush y Blair invaden Iraq, uno se pregunta si el partido laborista
sobrevivirá. Quizá vuelvan a ocupar el centro de la escena los liberales, o
quizá se produzca una desintegración política, como en Italia, seguida por Lord
Berlusconi de Albión.
Así
pues, ¿importa realmente Gran Bretaña? Por supuesto, todavía cuenta con algunas
bazas: la City, por ejemplo. Pero cuando Gran Bretaña se integre por fin
realmente en Europa no es imposible que la City simplemente se traslade a
Frankfurt. O quizá no. Gran Bretaña se podría convertir en un modelo europeo de
multiculturalismo, aunque puede tener que luchar por ese honor con su vieja rival,
Francia. Podía florecer como un centro mundial de las artes (Londres como Florencia). Y el hijo de Diana se
convertirá en un espléndido monarca. No puedo esperar a su boda, por no hablar
de su coronación.
Escoceses
y galeses puede que decidan a fin de cuentas que no vale la pena
independizarse, aunque no apostaría por ello. Yo, personalmente, seguiré
leyendo a Shakespeare.
Immanuel
Wallerstein
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